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DEMOCRACIA EN CRISIS Y DEMAGOGIA EN AUGE

Escrito por: Carlos Alberto Arango Schütz
Para: http://calicolumna.blogspot.com/


En la actualidad Latinoamérica comparte el nefasto destino que otras naciones de África y Asia han vivido desde la institución de la democracia como la forma de gobierno estándar. En estos continentes se han constituido democracias que dan espacio para el autoritarismo y la demagogia, democracias que han logrado destruir marcos legales para lograr aspiraciones y satisfacer intereses individuales que no se compaginan con los intereses nacionales, ni mucho menos, con la voluntad general de aquellos pueblos que se han dejado llevar a un extremo de ignorancia que les impide sacudirse el yugo de aquellos que se han llamado salvadores y ahora no son más que victimarios promotores de políticas anti-democráticas y criminales.

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Colombia no es la excepción a la regla, desde los tiempos de la independencia se han querido instituir gobiernos vitalicios, totalitarios, autoritarios y paternalistas. En la madrugada del miércoles dos de septiembre de 2009, se aprobó satisfactoriamente en la cámara de representantes el referéndum que abre las puertas a la perpetuación en el poder, a la demagogia y al terror de sumarnos a la lista de países sin libertad política y derecho a ejercer una verdadera autodeterminación nacional.

Este fenómeno reeleccionista no se ha dado únicamente en nuestro país, en Venezuela Chávez ha logrado modificar la constitución para prolongar la disque “revolución socialista del siglo XXI”, en Ecuador Rafael Correa logró la presidencia por segunda vez y en muchos otros países de nuestro vecindario se ha venido dando este suceso, en el cual la izquierda y la derecha giran en rededor de dos objetivo, el fomento del caudillismo y la implementación de una fachada democrática para un autoritarismo y despotismo por parte del jefe de Estado de turno.

Este fenómeno ha cerrado las puertas a la verdadera Democracia representativa, en la cual los diversos partidos y corporaciones políticas representan la voz del pueblo y se cumple a cabalidad la máxima “vox populi, vox dei” (la voz del pueblo es la voz de Dios). Además el fomento de estas políticas que permiten el autoritarismo y la perpetuación del poder han desmembrado aquella frase que dice: “La democracia es el arte de contar cabezas en vez de cortarlas”. La democracia en estos países, ha dejado de ser el instrumento del pueblo para gobernarse y se ha configurado como el mecanismo predilecto de aquellos demagogos que se han aprovechado de la ignorancia y la falta de educación del pueblo, para instaurar regímenes que desglosan y transforman los mecanismos democráticos a beneficio de ellos mismos u otros detentores del poder.

Durante todo el proceso del referéndum para promover la reelección del presidente de la República Álvaro Uribe Vélez, se destruyó el proceso legal y se transformó la ley en un asunto que se podía moldear de acuerdo a los intereses de este gobierno corrupto y fanático de la compra de votos mediante la asignación de puestos en embajadas y de puestos notariales.

En todo este procedimiento ilegal llevado a cabo en el congreso se dejó ver un suceso muy familiar que nunca se ha erradicado de la política nacional, los representantes del pueblo colombiano que ha sufrido los falsos positivos, la crisis diplomática de Colombia, la conformación de una política de seguridad democrática que no asegura sino que violenta autoritariamente la seguridad social del país y la conformación de un gobierno basado en la censura de la realidad; actuaron conforme los interés privados de aquellos que compraron su poder como representantes para hacer la diferencia. El clientelismo no ha sido superado por nuestro país y probablemente como en todas las demás naciones que comparten esta democracia clientelar nunca será erradicado.

El clientelismo, las alianzas oscuras de los supuestos representantes de la voz del pueblo, la corrupción de este Estado y la ignorancia del pueblo en materia de política le han abierto la puerta a la aceptación de los discursos de un presidente como Álvaro Uribe, quien habla de seguridad democrática como la opción al conflicto y la inversión extranjera como la solución a todos nuestros problemas económicos y de atraso tecnológico; estas son dos opciones que constituyen sus dos únicos lineamientos políticos y los cuales le han abierto las puertas a la posibilidad de implementar cada vez con mayor intensidad la demagogia como elemento constitutivo y absoluto en todos sus discursos.

Las figuras paternalistas que encarnan personajes como Uribe, Correa o Chávez han constituido un freno para la implementación de una verdadera conciencia en la población, las políticas constituidas bajo el concepto de que los individuos del pueblo son hijos que no tienen la suficiente visión para decidir su futuro, ha llevado a la promoción de referéndums que cierran la puerta a la democracia e instauran un autoritarismo absoluto sobre aquel pueblo que debe ser gobernado “con mano dura y puño cerrado”.

De esta forma bajo la obtusa línea del absolutismo y la divina imagen de aquellos que alguna vez se auto denominaron mesías de sus patrias, se pierde la libertad y los pueblos se alistan para el yugo del autoritarismo totalitario, legitimado por un orden democrático, que ha favorecido a mayor escala a los detentores del poder que a aquellos pueblos que día a día sufren bajo las políticas que destruyen la identidad social y nacional.

A modo de conclusión, la democracia en Latinoamérica está lejos de corresponderse con la idea general de la democracia, el caudillismo y la demagogia han sido y muy seguramente seguirán siendo los instrumentos predilectos de aquellos detentores del poder, que usan esta fachada dado que por presión internacional es necesaria para el mantenimiento de las relaciones comerciales y el enriquecimiento de la clase gobernante y oligarca.

El referéndum es la prueba fehaciente que la democracia representativa está al servicio de aquel que maneje los hilos del poder político nacional. Esta iniciativa de ser apoyada y secundada por el pueblo demostrará que la demagogia es el medio que gobierna y que puede lograr el mayor apoyo para un gobierno criminal que violan el DIH, los DD-HH, que cede la soberanía al mejor postor y practica una diplomacia que ha dejado al país como la cenicienta de Latinoamérica.

La perpetuación en el poder es una cuestión grave para la implementación de una verdadera identidad nacional y la construcción de una democracia representativa que fomente la participación política y la cultura política. La implementación de períodos presidenciales cortos sin oportunidad a reelección, siempre fue hasta hoy en día, la reserva para impedir el surgimiento de regímenes autoritarios que se escondan bajo el telón democrático.

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¿CHAVISMO EN EL POLO?

Escrito por: Jordi Said Ayala Torres
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http://calicolumna.blogspot.com/

Hace unos días el presidente de la republica bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, dejó entredicho que hay más que una relación de apoyo de ideales al Polo Democrático Alternativo (PDA), reconociendo como “partido homologo” y haciendo alusión al PDA como un “camino para que el chavismo llegue a Colombia”.

Estas declaraciones produjeron una evidente división entre los miembros del partido, en el cual la estabilidad pende de un hilo desde hace mucho tiempo. Uno de los primeros en referirse al tema fue el precandidato presidencial Gustavo Petro, afirmando que “sí alguien en el polo quiere convertir el partido en instrumento de un poder extranjero, esta orinando fuera del tiesto” y aseguro, que de ganar la consulta interna del polo, el curso del partido entero cambiaria.

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Lo que se llegó a pensar como un apoyo importante para el PDA en un momento, ahora es uno de los más grandes dilemas a los que se han enfrentado los miembros del polo, no se sabe si un declarado apoyo por parte del presidente Chávez sea una ventaja o el más grande de los pecados. En este momento no sólo está en juego la confianza depositada por parte del país entero en los candidatos que se disputaran la presidencia en la consulta interna, sino también la inestable credibilidad del partido dentro de la política del país.

Es obvio que la reacción de los colombianos y de los miembros de los diferentes partidos frente a este “acontecimiento” será muy desalentadora para el PDA, ya que el presidente Chávez no tiene la popularidad que desearía tener. Es muy distinto si Chávez o Correa afirman su simpatía con el PDA, que si lo hacen los presidentes Alan García o Lula.

En otras declaraciones el presidente del PDA, Jaime Dussán, afirmó que: el polo democrático alternativo comparte algunos puntos con el presidente Chávez, como el rechazo a las bases militares norteamericanas en Colombia y la lucha por la democracia en el país. Pero me pregunto, ¿hasta que punto se lucha por la democracia en la hermana república bolivariana de Venezuela?, hasta donde tengo entendido en nuestro país vecino se han cerrado numerosas emisoras, se persiguen canales de televisión y las empresas son víctimas de privatización por parte del gobierno.

La verdad, la sola idea de permitir que el gobierno del presidente Chávez se introduzca en la política del país, sería el más grande insulto a la democracia colombiana, ya que deja claro la ineficiencia de la política que se puede ejercer dentro del país. “No podemos permitir que un país venga a hacer política en Colombia” Aseguró el pre-candidato presidencial Andrés Felipe Arias y en esto estoy totalmente de acuerdo, aunque sienta escalofríos. Sería impensable seguir permitiendo que se introduzcan políticas ajenas al país, como se ha hecho desde que se fundó el Estado colombiano.

El PDA debe empezar a idear como va a salir de esta crisis en la que se metió, no de forma voluntaria, ya que todo el partido no colaboró para convertirse en un “camino para el chavismo”; pero de la cual debe librarse, ya que los días van pasando, y las elecciones se acercan cada vez más. La forma perfecta para empezar a recobrar el prestigio perdido del PDA por este duro golpe, sería aceptar que se encuentra fraccionado y dividido por las ideologías de sus miembros y tomar medidas contra aquellos que dejan el nombre del PDA por el suelo.

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LA VIOLENCIA… ¿UN CICLO SIN FINAL?

Escrito por: Sara Estefanía Collazos
Para: http://calicolumna.blogspot.com/


Este periodo, visto como un proceso político nacional, resulta de un lado de la confrontación de las elites por imponer desde el Estado nacional un modelo de modernización conforme a sus ideologías ya fuesen liberales o conservadoras, y el otro, el sectarismo localista que ahogaba a todas las grandes regiones del país. En general se puede decir que la rivalidad partidista que se acentuó a principios de la década del sesenta fue la principal causa de este fenómeno predominantemente rural al cual denominamos Violencia.

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Aparentemente la oleada de violencia tiene sus raíces a partir del asesinato de Gaitán en abril de 1.948, suceso que generó una de las asonadas más destructivas, masivas y sangrientas de la historia, y que cobró la vida de miles de personas en todo el país; sin embargo mucho antes de lo que hoy conocemos como El Bogotazo, ya se habían suscitado enfrentamientos, en su mayoría entre liberales y conservadores, colocando a la nación de aquel tiempo en un contexto bipartidista y excluyente. La confrontación entre estas elites alcanzo el clímax en el segundo semestre de 1.949, su causa inmediata fue el ascenso del caudillo conservador Laureano Gómez, este hecho provoco de inmediato una gran resistencia liberal, que posteriormente se organizo en guerrillas, que no sólo hizo que el gobierno se proclamara en estado de sitio, sino que acentuó las luchas entre liberales y conservadores. La Violencia mirada desde esta perspectiva tiene su causa fundamental en el sectarismo bipartidista, y la continua rivalidad entre los paridos políticos tradicionales, y por quien se queda con la hegemonía del poder. Por otro lado, durante este periodo, las elites tuvieron gran influencia de la Guerra Fría, para redefinir el orden político basado en la familia patriarcal, la afiliación partidista y el catolicismo tradicional.

Durante este periodo, la violencia como mafia, basada en las rivalidades económicas también tuvo gran auge, sobre todo a partir de 1.954, las empresas criminales tenían objetivos económicos específicos, en un contexto caracterizado por la fuerte estratificación entro de grupos medios, la lejanía del Estado central, la omnipresencia y pugnacidad de las redes políticas locales y la fragilidad de los derechos de propiedad, que generaban conflictos principalmente por la tierra. Esta mafia, al igual que muchos tipos de conflicto que existen en la actualidad, era una violencia totalmente “legitimada”; ya que era vista como un negocio, en una mentalidad vigente hasta el día de hoy, donde “el fin justifica los medios”.

Una de las principales características de este periodo fue el surgimiento de diferentes guerrillas revolucionarias a mediados de los años sesenta, y que hasta hoy, ningún proceso de paz de los últimos gobiernos ha podido conciliar. Guerrillas que si bien en un principio nacieron con ideologías definidas de revolución socialista, para efectuar un cambio y así mejorar el país, conformadas por campesinos revolucionarios, estudiantes altruistas e intelectuales de izquierda, poco a poco se fueron transformando en grupos criminales al margen de la ley, caracterizados por su localismo y vandalismo, grupos que ya no busca el poder para llevar a cabo la revolución socialista, sino que se dedican al control clientelar de muchos gobiernos locales para así ampliar su control territorial, ya así la guerrilla de hoy en día se ha ido transformando en una próspera empresa militar de combatientes a sueldo, una vanguardia armada que perdió su mentalidad de cambio, y que para mantenerse utiliza recursos provenientes de el secuestro extorsivo, la extorsión y a la protección de cultivadores de drogas ilícitas que nacen de sus alianzas con poderosos narcotraficantes.

Estas guerrillas revolucionarias, entre las cuales se encuentran FARC, ELN, M-19 y el EPL, entre otras, junto a los grupos paramilitares, que hasta hoy siguen surgiendo, financiados por el narcotráfico, han sido los protagonistas de este “conflicto armado”, que lleva más de medio siglo azotando nuestro país, y que fue una de las principales consecuencias que dejo ese periodo de Violencia; estos grupos que surgieron como organizaciones guerrilleras cuyo fin especifico era transformar revolucionariamente el orden social y el Estado que lo protege, inspirados en ideas agraristas y comunistas, como también en la Revolución Cubana, se han ido degradando hasta llegar a lo que son hoy en día, un grupo que comete delitos de lesa humanidad, prácticamente terroristas, que si en un principio surgieron para el pueblo; hoy este mismo pueblo es su “carne de cañada”, para cometer sus atroces delitos. Hablando específicamente de las FARC, que son el grupo guerrillero que hasta pleno siglo XXI ha logrado mantenerse; es un grupo en muchos aspectos debilitado, no sólo ideológicamente, sino en cuanto a recursos físicos; y esto se debe en gran parte a la política de “seguridad democrática” del actual presidente Álvaro Uribe, que si bien le ha dado duros golpes a las FARC, no las logrará acabar hasta que asuma una verdadera política conciliadora, donde se lleguen a acuerdos que satisfagan a ambas partes, y así se pueda llevar a cabo el cambio que tanto se ha esperado.

Podemos analizar como a medida que pasa el tiempo, y con el transcurrir de cada gobierno, y sus fracasados procesos de paz mal fundamentados, se van adhiriendo más actores al conflicto, en búsqueda de sus propios intereses, utilizan cualquier medio, por atroz que sea, cualquier alianza para llevar a cabo sus fines, y es allí cuando se pierde el sentido de la política y la verdadera función de nuestros gobernantes, porque a veces pareciese que lo mismo que en su momento paso con las FARC, ahora pasara con la mayoría de los que conforman nuestro gabinete nacional; y una muestra de esto es el fenómeno de la para-política, esas alianzas entre nuestros legítimos gobernantes y paramilitares, esas campañas electorales de muchos gobernantes financiados por dineros provenientes del narcotráfico, tema que no es nuevo en nuestro país, pues sólo basta traer a colación el famoso proceso 8.000 que se le efectuó a Ernesto Samper Pizano, a quien se le juzgó de haber ganado las elecciones presidenciales, porque su campaña la había financiado dinero de los Rodríguez Orejuela. Y lo que tienen en común el gobierno de hoy en día con las FARC, es ésa misma perdida de ideología, donde no se está trabajando en pro de los ciudadanos, sino que se lleva a cabo alianzas ilegales, que contribuyan al cumplimiento de los intereses de unos pocos, y no de la gran mayoría como debería ser. En muchas otras ocasiones se recurre al clientelismo, o a la misma extorsión, para ganar las campañas electorales, poniendo en duda la verdadera legitimidad de nuestros gobernantes.

Al igual que sucedió con los grupos guerrilleros, los paramilitares son otro de los muchos actores que conforman el conflicto o La Violencia colombiana. Son un grupo que en un principio surgen al igual que las FARC, como una autodefensa en contra de las guerrillas de aquel tiempo, que busca legitimación; pero que con el pasar del tiempo, hicieron alianzas con el narcotráfico, y finalmente los grandes latifundistas fueron los que reorganizaron las Autodefensas, llevando a cabo exterminio de grupos y partidos políticos y cívicos, sindicatos, asociaciones campesinas, funcionarios públicos y periodistas; pretendían ser un modelo anticomunista en el plano nacional, y generar status político oponiéndose a todo tipo de iniciativas presidenciales; tejiendo al igual que hoy en día complicidades con organizaciones políticas, e incluso con políticos a nivel nacional.

Por lo anterior se puede deducir que el comportamiento y las acciones de los paramilitares no han cambiado mucho desde sus inicios; y que al igual que las guerrilla y la misma Fuerza Pública, y algunos políticos aunque en distinta proporción han sido responsables de asesinatos, masacres y desaparición de civiles; siendo este ultimo un tema controversial de la actualidad política y es el exterminio de civiles, por parte del mismo Ejercito Nacional para presentarlo luego como “positivos”, guerrilleros muertos en combate, ante sus altos mandos. Este fenómeno de los falsos “positivos”, es otra muestra de las nefastas consecuencias de este periodo de Violencia, que a veces pareciese no tener final.

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DEMOCRACIA CRÍTICA Y GOBIERNO CRÍPTICO

Escrito por: Luis Felipe Barrera Narváez
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http://calicolumna.blogspot.com/

Acaba de pasar, con marcha fuerte y sonora, el referendo reeleccionista en la conciliación del texto por parte del Senado. Mientras tanto, Fabio Valencia Cossio, ministro del interior y de justicia detona con una sonrisa placida, ante el deber cumplido, la euforia de todos aquellos que creen en un proyecto político para el país encarnado por Álvaro Uribe entronado en el Palacio de Nariño dirigiendo la guerra contra el terrorismo infernal de las FARC.

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El ministro del interior, manifiesta su conformidad por su labor y la del Congreso, como garante de “la participación del pueblo” a través del referendo que cuatro millones de compatriotas impulsaron. No cabe de la dicha. Pensaría cualquier provinciano desprevenido, que dicha iniciativa es tan sana para la institucionalidad del país que merece el apoyo incondicional del gobierno. Al fin y al cabo el discurso demagógico se legítima con la alusión al “pueblo” y a su decisión mayoritaria. Si es aplastante, mejor. Las leyes y la constitución no son más que meros juguetes que cuelgan del Estado, (que se quitan ó se ponen, se pintan ó destiñen, se ignoran y se desfiguran) para “operar al servicio de los ciudadanos”.

Pero aquí lo cierto es que, pese a que el gobierno perdió las directivas del Congreso para esta última legislatura, Valencia Cossio con su habilidad (me temo que más politiquera que política, empezando porque ya en Colombia la calidad de los debates en el Capitolio son de una bajeza similar a la de muchos foros de opinión en internet, en especial de los periódicos; y también porque el antecedente de las notarías de Yidis, Tedolindo y las declaraciones ante la justicia del ex superintendente de notariado y registro, Manuel Cuello Baute, siembran un antecedente fétido sobre la forma como el gobierno entiende las negociaciones con los parlamentarios. La prebenda antes que la transacción racional de explicaciones sobre la norma positiva) avanza un paso hacia la concreción de la iniciativa para que sea llevada a las urnas.

Aunque falta todavía la votación en Cámara y el visto bueno de la Corte constitucional, asombra que un proyecto tan controvertido, no sólo de fondo por su contenido que socava la constitución del 91, sino también de forma por las violaciones de los topes financieros, errores de párvulo en la redacción de la pregunta, transporte de firmas de una empresa adscrita a DMG entre otras pifias. Pero el referendo vive, y mientras viva, pone en un estado crítico a la democracia colombiana a la par que el gobierno opta por la retórica críptica que lo caracteriza.

Y todo esto, a las espaldas de un presidente que cree “inconveniente perpetuarse en el poder” pero que por salvar la patria se atreve a capotear con lo inconveniente y luchar, cual exorcista medieval, con las “encrucijadas en el alma”.

Todo esto, con el apoyo subterráneo del gobierno más frentero y despacha pleitos de la historia. El gobierno que le puso el pecho a las FARC y no da la cara por las interceptaciones del DAS. El mismo que aprueba sesiones extras en el Congreso a media noche para que pase el referendo. El mismo que negocia, a escondidas y sin explicarle al pueblo, acuerdos de meretricio militar con Estado Unidos. El mismo de las cortinas de humo que desaparecen escándalos en una tarde. El mismo del Estado de opinión que despedaza al Estado de Derecho, así como una especie animal desplaza a otra cuando evoluciona y se adapta mejor al ecosistema, aquí el nuevo espécimen es el caudillo patriotero que se desarrolla mejor en entorno autocrático y sin limitación en el ejercicio del poder y no un líder democrático que se someta a las normas preestablecidas por la carta magna y al ejercicio limitado del poder por sistema de pesos y contrapesos.

Mientras un sólo hombre amarre el poder a sus pies y toda una nación dependa de lo que este piense, diga y obre; mientras la sucesión en el gobierno esté sujeta a la voluntad del gobernante de turno y no a las propuestas de los nuevos candidatos que buscan oxigenar el sistema; mientras no se pueda legislar con otra luz por parte de los parlamentarios distinta a la que emiten los intereses del ejecutivo, mientras todo esto no se logre, no se puede sentir orgulloso de la salud de un sistema político que se reconoce como democrático, pero que opera como la más ignominiosa satrapía oriental o las monarquías del Medioevo.

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¡SE VENDE SOBERANÍA!

Escrito por: Jordi Said Ayala Torres
Editado Por: Carlos Alberto Arango Schütz
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http://calicolumna.blogspot.com/

Desde hace algún tiempo nuestras fuerzas armadas son consideradas una de las mejores en el ámbito mundial; sus efectivas operaciones en contra del narcotráfico y el terrorismo, sus casi invencibles comandos jungla, sus increíbles infiltraciones en los altos mandos de las FARC y sus inimaginables rescates al mejor estilo hollywoodense, les otorgaron el reconocimiento que hoy en día poseen.

Pero, me pregunto: ¿De qué sirve todo este reconocimiento, las inmensas inversiones por parte del Estado y la extenuante preparación a la que se someten nuestros héroes que luchan día a día en las profundidades de la selva, si se necesita ayuda extranjera para controlar el narcotráfico y la violencia?; ¿Por qué si contamos con las fuerzas militares mejor preparadas para el combate en la selva, tenemos que contar con el apoyo logístico de los Estados Unidos?, son preguntas que últimamente me he formulado desde que el presidente Álvaro Uribe Vélez decidió reforzar la presencia estadounidense en bases militares colombianas.

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El ejército colombiano es esencialmente una fuerza antiguerrilla, que cuenta con una amplia infantería ligera, una efectiva inteligencia, una amplia cobertura en telecomunicaciones y la mejor fuerza de helicópteros de toda Suramérica, ¿pero todo esto de que sirve si el presidente Uribe desprestigia la labor de nuestro ejército y regala nuestra soberanía al mejor postor?

En lo que va corrido del año las fuerzas militares colombianas han adelantado 12.783 misiones tácticas contra los diferentes grupos al margen de la ley; han sostenido 935 combates, en los cuales se han abatido 360 miembros de estos grupos, y en los que se han capturado 3.756; y se han localizado, desmantelado o destruido 1.622 campos minados y artefactos explosivos. En cuanto a la lucha contra el narcotráfico se han incautado 65.728 kilos de cocaína, se han destruido 762 laboratorios y se han realizado exitosamente 148 operaciones contra secuestro y extorsión.

Estas cifras -aunque son menores de las del año pasado- muestran la efectividad de nuestro ejército, al menos para mantener a los grupos ilegales a un nivel “aceptable” y “estable”, por así decirlo. Por más que me duela aceptarlo: “a Dios lo que es de Dios y a Uribe lo que es de Uribe”.

Seguramente mucha gente podría decir al respecto de este tema de las bases militares, que según las cifras conocidas sobre las bajas de nuestros militares (259 entre soldados y policías) estamos perdiendo la guerra, con relación al mismo periodo del año pasado y con base a esto defender la idea de que ¿por qué no eliminar a los grupos al margen de la ley de una vez por todas y, en el proceso, persuadir a los que nos atormentan con una inminente guerra, impulsando este proyecto del gobierno?

Creo que el apoyo internacional es suficiente actualmente y que además es provechoso para la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, aparte de ser un elemento de persuasión para prevenir un posible conflicto con nuestros vecinos. Sinceramente no creo que haya que importar soldados, sólo basta con reformar el modo en el que opera nuestra fuerza armada, ya que luego de siete tormentosos años de duros golpes militares, los grupos ilegales se han empezado a adaptar a la forma en la que se desarrollan las operaciones.

Si este reforzamiento de la cooperación internacional es tan importante, ¿acaso no los es también una fuerte inversión en la salud y la educación de los colombianos que eventualmente si proporcione una seguridad social, ó sea, una verdadera seguridad democrática?; ¿Por qué Uribe en vez de invertir su tiempo en regalar la soberanía de nuestro país, no se dedica a incrementar la presencia de los organismos del Estado para fortalecer el poder estatal y eventualmente construir una soberanía verdaderamente activa?; esta inversión en la guerra, estos acuerdos de cooperación internacional y esta fascinación con el conflicto no va a generar en últimas la paz, sino un circulo vicioso en torno a la guerra.

Al presidente Uribe firmar este acuerdo militar con los Estados Unidos, estaremos muchísimo más alejados de nuestros vecinos de lo que nos encontramos en este momento, y la posibilidad mejorar las relaciones internacionales estará cada día más lejos de poderse realizar. La historia nos ha mostrado que donde los militares estadounidenses hacen nido, se respira un aire de conflicto; ya sabemos lo que paso en nicaragua, y es obvio que aquellos “contratistas” y militares no vienen a cumplir ordenes sino a imponerlas. El interés principal de los Estados Unidos es recuperar la oportunidad estratégica en el continente, ellos no vienen a sembrar la semilla de la paz, vienen a construir una impunidad en torno a sus figuras y a quebrantar la poca soberanía que ostenta el Estado colombiano.

Entonces, ¿vale la pena aislarnos de nuestros vecinos del cono sur, sólo por satisfacer las necesidades de un tercero y rendirle culto a las relaciones con otro Estado que no vive nuestro conflicto? La experiencia nos enseña que la política es un juego de intereses, ¿qué será lo que en realidad le interesa al presidente Uribe, vender su patria o darnos paz?...En mi opinión, es muchísimo mas provechoso cultivar la relación con nuestros vecinos, que impulsar el imperialismo al que hemos sido sometidos durante ya dos siglos por parte de la principal potencia mundial.

El simple hecho de traer refuerzos estadounidenses es un riesgo que no deberíamos tomar; pero ¿que puede hacer uno frente a la ley divina de la seguridad democrática? sólo digo que nuestras fuerzas armadas han demostrado su eficiencia a la hora de combatir a los grupos armados y al narcotráfico, y que cada vez que sus tácticas mejoran su efectividad aumenta, ¿realmente necesitamos vender nuestra patria para obtener paz?

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UNA APROXIMACION AL ESTADO DE OPINIÓN

Escrito por: Luis Felipe Barrera Narváez
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La vieja guardia de la política colombiana sigue conservando una extraña manía cuando se dirige a la ciudadanía, porque en el arsenal oratorio se pueden encontrar millares de términos etéreos, enrevesados, leguleyadas y casi siempre carentes de una definición mínima. El demagogo hace de la democracia su arma perfecta a la hora de legitimar sus actos y propuestas. “Vox populi, vox dei”. En sus términos, la democracia es la mera decisión del pueblo materializada en un voto.

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Uno de esos líderes que además, dicen que es pionero en sus formas para hacer política es Álvaro Uribe, lo sigue “Uribito”, el “pincher” como lo llama un columnista o mejor por su nombre, Andrés Felipe Arias. En el departamento del Valle lo sigue de cerca el gobernador Juan Carlos Abadía. Para ellos la mejor táctica digna de encomio a la hora de lidiar con la prensa y la opinión pública, es responder con evasivas o con estúpidas respuestas a preguntas nunca hechas. Si le preguntan al uno por la reelección, dice que no es conveniente para un presidente perpetuarse en el poder, pero su ministro del interior hace lo posible en el Congreso por perpetuarlo a él. Arias es un fenómeno de la política nacional. A falta de Uribe, está el clon, así como la oveja “Dolly”. A Juan Carlos Abadía le preguntan por la radio acerca del autobombo que se hace desde la gobernación a nombre propio con los recursos públicos, y el señor empieza a hacer un balance de su gestión y del futuro de los eventos taurinos.

Así, entre evasivas y palabras acicaladas, el Jefe de Estado colombiano ha dado a luz un concepto novedoso dentro de su doctrina política, un término poco explicado a sus compatriotas, pero que de hecho, en eso consiste. “El Estado de opinión es la fase superior al Estado de derecho” Esta ha sido la retahíla que el mandatario ha desperdigado a los oídos ignotos de la ciudadanía desde que se radicó el referendo para abrirle paso a una segunda reelección. El Estado de opinión como un estadio superior al Estado de derecho que ampara la constitución, es una consigna que esconde un interés demagógico y caudillista.

Para el presidente Álvaro Uribe, la opinión pública está restringida al voto mayoritario de los colombianos y según su veredicto, ese es el mandato irrevocable al que él, como representante e intérprete debe apelar incluso, vulnerando los mecanismos institucionales que el mismo pueblo ha creado para evitar el abuso de los dirigentes, es el caso de la no reelección para la Constituyente del 91.

La opinión pública en el uso discursivo del inquilino del Palacio de Nariño, no nace del debate y la argumentación dentro de los espacios protegidos por la ley, como lo sería el Congreso, la institucionalidad del país y los espacios de discusión democrática, sino de un barrido comprendido dentro de los sondeos de opinión y que son tomados por la verdadera opinión pública, cuando no son más que una fotografía dentro del espectro político que la ciudadanía ostenta y que puede obedecer a reacciones poco racionales, como lo sería la favorabilidad a un personaje determinado por el simple hecho de ser paisa, “verraco” o con cara de monaguillo.

Entender el Estado de opinión, es acercarse a los apetitos de un político por perpetuarse en el poder y desbaratar los cimientos democráticos de una nación entera, con la consigna más populista que pueda haber, “hablar directamente con el pueblo, es obtener la verdad pura, sin intermediarios, así lo recomiendan los científicos de la política”. De una vez declaro mí abierta indignación como estudiante de Ciencia política por la prostitución del conocimiento que hace el Presidente a la hora de reforzar su doctrina cesárea y mesiánica.

El Estado de opinión, es una idea sonsacada de tipo “obduliano”, o sea, obtusa y estulta como el intelectual del régimen (perdón por decir que este señor si acaso es un intelectual, pero algún periodista lo tuvo que llamar así y es porque creo que Uribe y su séquito lo ven como tal). Es el mismo idiota que niega el conflicto y hace un trueque semántico: desplazados por migrantes.

El Estado de opinión como fórmula politiquera ya tiene varios simpatizantes. No es de extrañar que sean los satélites abyectos del régimen que viven de las mieles del poder corruptor del gobierno. El poder de la mayoría en los evangelios provocó la muerte de Jesucristo, cuando Poncio Pilatos preguntó a la multitud qué hacer, si liberar a Barrabás o al nazareno, la masa enardecida pidió la liberación del ladrón y la crucifixión del “hijo de dios” para muchos. La decisión de la mayoría no hace de Jesús un culpable, ni de Barrabás un inocente. Solo demuestra lo peligroso que significa alinearse con el simple imperio de la mayoría sin otra contemplación.

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HACEN FALTA LOS ESTADISTAS

Escrito por: Luis Felipe Barrera Narváez
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Estamos a sólo meses para empezar la celebración del bicentenario de la independencia de los países latinoamericanos que, pulverizaron con tenacidad, las cadenas del poder imperial español, para imponerse, en un acto de notable sumisión, las cadenas del caudillismo político de nuestros mandamases. Y digo mandamases y no mandatarios por que el ego de Correa, Uribe, Chávez, Evo, Ortega, entre otros líderes tropicales, siguen más sus sistemas ideológicos caracterizados por su portal de hierro y no por la representación del interés nacional de cada pueblo que representan. La pandemia que castiga al trecho de tierra bolivariano, fortalece la imagen infecciosa del caudillo y deja en estado de coma al sistema democrático.

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Mientras nos acercamos a la gran fiesta patriota, vemos como las peleas de los jefes de Estados andinos siguen por una vía de choque y agravios que crean una enorme brecha entre las naciones que por lo pronto, se perciben como enemigas y no como las hermanas que son.

La gran cenicienta del concierto sudamericano es Colombia. Del imperio Español al Estadounidense. La soledad de Uribe en el hemisferio es incuestionable. Esto se observa con claridad al notar que los países de este pedazo del mundo, han optado por separarse de las directrices estadounidenses, para poner en el cielo otro grito de independencia, en contextos económicos, políticos y culturales. Que sean eficientes, progresistas, autosuficientes, o no lo sean, es una cosa, pero esas son las perspectivas emancipadoras de los proyectos políticos que imperan en la región. Ya sea la recalcitrante formula del chavismo, o la ponderada izquierda de Michel Bachellet y Lula, lo cierto es que en la zona se agitan las banderas de la unión latinoamericana y el distanciamiento ante la Casa Blanca.

Mientras el continente se torna, Bogotá se duerme, por lo que a su cuerpo diplomático le toca improvisar cada vez que Álvaro Uribe suelta a cuenta gotas información que involucra al gobierno de Chávez y Correa con las FARC. La improvisación consiste en seguir manchando cíclicamente al jefe de Estado venezolano y ecuatoriano a medida que estos arrojen amenazas e insultos a su par colombiano. Amenazas que nacen de la decisión “escondida” del gobierno de Colombia por ampliar las estipulaciones del Plan Colombia con los Estados Unidos y permitirle el uso a ese país de siete bases militares y puertos del país.

Nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que se pretende con dicha ayuda, el general Freddy Padilla de León decía hace poco que no habría bases de las fuerzas armadas de los Estados Unidos en nuestro país, lo mismo repetía el simpático embajador de ese país en Colombia. Ahora se dice, que no son bases de los norteamericanos, sino, bases colombianas que serán usadas por los estadounidenses “con permiso” del alto mando militar y el gobierno colombiano, eso sí, los militares en servicio de ese país, gozarán de inmunidad ante cualquier delito que puedan cometer en territorio colombiano. Una política sólida que siempre despliegan a lo largo y ancho del orbe donde se extienden sus ejércitos como gendarmes de la democracia, la libertad y la paz.

Las bases colombianas en las que podrán operar las tropas norteamericanas han causado euforia en las toldas uribistas, porque les da la sensación de que ya tienen al hermano mayor en nuestro terruño, en detrimento del monopolio legítimo de la fuerza estatal, para que “defienda” al país ante un eventual conflicto militar con Chávez.

Eso sí, poco les importa que el Plan Colombia halla arrojado tan pocos frutos en su guerra contra las drogas, por no decir ninguno, a la hora de disminuir las hectáreas cultivadas con coca combatidas a plomo seco. Mientras en Colombia, Estados Unidos promueve una política de fumigación y erradicación forzosa de la droga, en Afganistán se decidió dejar que los campesinos cultivasen libremente la amapola que sirve de base para la heroína. Además las cifras de la ONU y las críticas de los ex presidentes de tres países latinoamericanos deberían generar, si bien no el cambio inmediato, por lo menos la apertura del debate a nivel internacional sobre la fracasada lucha contra las drogas.

Los zalameros de la corte de Uribe, tampoco han de suponer, con un pequeño atisbo de cálculo político, acerca del enorme aislamiento que sufrirá la nación con respecto al vecindario bolivariano ya de por sí, distante de Bogotá. Así exista una conexión dentro del imaginario colectivo de la ciudadanía colombiana que vincula estrechamente a las FARC con los presidentes Chávez y Correa, son nuestros países vecinos con los que mantenemos un comercio, límites, intereses, pasado y cultura hermanada; y aunque muchos quisieran trasladar este trozo de tierra y ponerlo en la costas estadounidenses, no nos podemos ir de aquí.

La retórica belicista, es un elemento cotidiano dentro del bemba exquisita de Chávez, Uribe posa de modesto y circunspecto, pero su estrategia está en el sistemático desprestigio propagandístico y, ahora en manos del interés norteamericano de no perder su influencia en la región e instalar su personal militar en nuestras bases. Para Uribe un elemento disuasivo, para Chávez y su sequito, la confirmación de sus tesis antiimperialistas.

Tener la razón sobre los sombríos vínculos de miembros del alto gobierno de los países vecinos con la guerrilla colombiana, mostrar millares de folios con evidencia que comprometa a sus jefes de Estado con las FARC y montar un escudo jurídico cimentado en amenazas de posibles denuncias ante las cortes internacionales sólo provocará mayor hostilidad de parte de los países de la región y alejará la posibilidad de estabilizar las relaciones diplomáticas.

El interés nacional del gobierno Uribe de establecer un esquema de seguridad interno para la ciudadanía colombiana contra la afrenta del terrorismo estaría roto ante los ojos del mundo que, verían atónitos como sus vecinos que comparten la misma bandera aparecen como grandes aliados de la organización guerrillera. A Uribe le tocará invadir Venezuela y Ecuador para derrocar sus gobiernos y extirpar la amenaza del terrorismo. Esta entelequia a un político como Chávez le cae como anillo al dedo, ya que su discurso ha concebido desde siempre, una aparatosa invasión de su país por parte de Estado Unidos utilizando como cabeza de playa a la nación colombiana. Las bases son sugestivas.

Una política coherente tendida por la cancillería y dirigida principalmente a cicatrizar las hondas heridas entre las relaciones de Colombia con los vecinos, tendría que ir de la mano con sus intereses nacionales, el comercio, la lucha contra el narcotráfico, el conflicto con las FARC y el reconocimiento de la legitimidad de los gobiernos contiguos.

Los escándalos de prensa con videos e información de ventas de armas se deben ventilar dentro de los cauces y tratos de dos Estados modernos y decentes que se reconocen pares, un trato diplomático puede ser la solución. Los acuerdos militares de estas proporciones deben ser abiertos a la ciudadanía (dentro de los limites que la seguridad nacional permita) y, sobre todo, a las instituciones democráticas como el Congreso y el consejo de Estado, de lo contrario parecerán obras maquinadas en la oscuridad por un gobierno irresponsable y, como decía Gaitán: “vendepatria”.

Para seguir escupiendo fuego por la boca, sobran epítetos y groserías, dentro del lenguaje. Para construir relaciones de amistad y fraternidad entre los pueblos hace falta prudencia de estadista. En Latinoamérica sobran los caudillos que empujan sus costales cargados de ofensas y tras de ellos, pueblos emborrachados con las arengas de guerra. En Latinoamérica hacen falta los estadistas.

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UNA CULTURA DE DES-INFORMACIÓN

Escrito por: Jordi Said Ayala Torres
Editado por: Carlos Alberto Arango Schütz
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http://calicolumna.blogspot.com/

Analizando la situación en la que se encuentran los pueblos latinoamericanos y las constantes pugnas en el terreno internacional, me pregunte: ¿Qué pensaran las personas de lo que esta pasando ahora con esta situación, será que conocen la totalidad de la noticia sobre el conflicto entre Colombia, Venezuela y Ecuador? y ¿Qué será lo que opinan las partes en esta crisis, que al parecer cada día esta empeorando?

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Me puse en la tarea de investigar para calmar mis dudas y ¡Oh sorpresa!, nunca, había visto tal cantidad de agresiones e insultos entre nuestros pueblos hermanos y tal carencia de diplomacia y tacto de nuestros gobernantes. Fue el momento mas triste que he vivido en mucho tiempo, ver como pueblos que comparten una misma historia, dejan de lado todo sentimiento de respeto y tolerancia por culpa de las malas decisiones de nuestros dirigentes y los actos de terceros como las FARC, que se han dedicado a delinquir en nombre de la revolución.

Al leer las opiniones dejadas por los tres “bandos” en los medios de comunicación –de los cuales no doy fe de su “objetividad”-, vi que la mayoría de “conflictos de opinión”, si se pueden llamar así, se daban por simple ignorancia, la cual estaba alimentada por los principales medios de comunicación y sus principales postores, y se veía sustentada por los comentarios ofensivos entre mandatarios y políticos de los tres “bandos”. Esta era y es una cuestión que sin lugar a duda aumenta la tensión entre los pueblos y lleva a la existencia de estos “conflictos de opinión”.

Pero ¿por que digo ignorancia?, eso es fácil de explicar: generalmente se manejan dos “cadenas de noticias” en nuestra televisión, tan increíblemente diversificada, que como en la vida política o somos de derecha o somos de izquierda, paramilitar o simplemente guerrillero…o como en este caso vemos RCN o Caracol. Estos canales dada su “excelente” calidad productiva, y sobresalientes telenovelas, atraen al televidente con sensuales anuncios y en ocasiones “llamativos” acontecimientos en los cuales generalmente sólo se narra una parte de los hechos.

Pero entre la comunidad educativa y más aun entre los estudiantes de las distintas ciencias sociales, los reportajes de estas cadenas -algunos, no digo todos- no presentan la transparencia suficiente, por así decirlo, para ser de gran credibilidad. Con esto no quiero decir que los medios se basen en hechos místicos y sacados de la mente retorcida del editor de turno para atraer al televidente, me refiero a que manejan una verdad maquillada de la realidad verídica.

Otra de las causas de esta ignorancia que cada día incrementa con el surgir de nuevos discursos caudillistas, está contenida en lo que se nos ha enseñado en nuestros hogares, colegios y universidades; no se nos enseña a pensar como tal sino que nos enseñan lo que debemos pensar, permitiendo que en la comunidad se desarrolle un pensamiento cerrado y de hostilidad frente a los distintos puntos de vista de los demás grupos de individuos.

Esencialmente los problemas entre Estados se originan porque no se tiene en cuenta lo que hay más allá de nuestras fronteras –y no sólo me refiero a estas, las de mi patria-, no aceptamos que los demás tengan la razón, no abrimos los ojos a nuevos puntos de vista y a distintas fuentes de conocimiento. Pero esto es difícil de comprender ya que no se le da un correcto seguimiento a los atropellos que se cometen en nuestro propio territorio: para-política, maltrato intrafamiliar, abuso sexual, crímenes de estado, falsos positivos, matanzas guerrilleras, secuestros, censura y manipulación de los medios de comunicación, entre millones de martirios que nuestro pueblo vive a diario.

Pero tal ves la más grande y devastadora causa por la que esta ignorancia ronda nuestro suelo patrio y el hogar de los latinoamericanos y permita el quebrantamiento de la unidad continental ha sido el miedo, el terror y la repulsión que nos han infundido las clases mas pudientes y los gobernantes del país hacia todo lo que huela a izquierda, así como también lo hacen los funcionarios que afirman pertenecer a la oposición y se aprovechan de los derechos que le confiere su cargo para protegerse y proteger sus intereses particulares –esto en el caso colombiano-. En este momento o eres uribista o de oposición, guerrillero o paramilitar, de derecha o de izquierda, ya no existen puntos medios ya que “si no estas conmigo estas contra mi”.

A los latinoamericanos nos hace falta mas carácter al momento de elegir en que creemos y en que no, nos conformamos con que piensen por nosotros y peor aún nos engañamos a nosotros mismos impulsados por las imágenes que entran a nuestro cerebro gracias a ese discursos político de nuestros mandatarios diseñado para que creamos todo aquello que se nos muestra.

Nos dejamos manipular por los llamativos discursos de un don Hugo Chávez, por las constantes verdades maquilladas de un tal Álvaro Uribe y por las apresuradas decisiones de un señor Rafael Correa, personas como cada uno de nosotros, que nacieron en nuestra tierra y que con sus diferencias están rompiendo todo vinculo de fraternidad entre nuestros pueblos hermanos.



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CAMPAÑA PAZ Y LIBERTAD: UNA MIRADA A NUESTRA SITUACIÓN Y UNA PROPUESTA PARA LA PAZ

Escrito por: Carlos Alberto Arango Schütz
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http://calicolumna.blogspot.com/ y http://noticias.radio3hp.com/

Este blog se ha caracterizado por tener artículos que cubren muchos temas políticos, históricos y hasta económicos, pero esta vez considero que le ha llegado al tiempo a un artículo dedicado a lo que todo colombiano y colombiana que ha sufrido los embates de la guerra desea y aspira con emoción y necesidad, este tema por el que miles de colombianos han muerto se llama paz.

Este artículo nace de principios políticos, pero no pretende reducir la paz a una cuestión meramente política. Los políticos, la prensa, los empresarios y muchos otros han politizado a la paz y la han convertido en un tema meramente político entre el gobierno y las FARC. Lo cierto es que en el medio de los dos actores que han librado una guerra de más de sesenta años, está el pueblo que sí desea una paz con términos reales, sujeta a su condición y amarrada a los ideales de justicia y reparación, pero en la mayoría de los casos este jamás hace nada por alcanzar sus deseo, de hecho la falta de conciencia e interés han llevado a esta situación.

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Algo que muy sabiamente Immanuel Kant le dio a la humanidad a través de uno de sus escritos más polémicos, La paz perpetua, fue que la paz debe ser el objetivo máximo de todo político moral y que este debe encaminar todos sus proyectos y acciones políticas a conseguir una paz jurídica sujeta a derechos y deberes que se deben cumplir para que la humanidad, las naciones y los pueblos por fin se hallen en una verdadera paz perpetua.

La paz perpetua para muchos puede ser una cuestión utópica, pero una subsistencia pacifica es viable sobre todo a nivel domestico, dentro de cada país. Por eso la paz nunca puede ser un asunto politizado, ya que al mediarse bajo intereses privados se convierte en una cuestión inalcanzable.

La paz en Colombia debe ser un asunto de interés nacional y no de intereses privados de aquellos que manejan la alta política y mucho menos de aquellos que en la selva se esconden para destruir y fragmentar la poca estabilidad y cohesión que la sociedad colombiana en algún momento pueda alcanzar. La paz no es un asunto del gobierno y las FARC, esta es un compromiso de todos los colombianos para que cumplan con su desarrollo y su autodeterminación como un pueblo responsable, movilizado por la paz como fin último que potencie y lidere el desarrollo político, social y económico.

Probablemente cada persona al enterarse en las noticias de la hora del almuerzo sobre los soldados mutilados, los miles de secuestrados, los niños que pisan las minas quiebra patas, los recicladores que ya no pueden ejercer su oficio, los cientos de miles de colombianos en la pobreza y los otros tantos padecimientos de nuestro pueblo, piensen que no es un asunto suyo y que no son culpables ni responsables y frívolamente sigan dirigiendo el tenedor a su boca.

A veces los colombianos cansados por la situación del país dan con comentarios tan desatinados como: “este país no le brinda oportunidades a la gente”, “todos es culpa de la guerra y de la corrupción”, pero a menudo las personas se olvidan de su responsabilidad, tratan de eludir el hecho de que por más de sesenta años el mismo pueblo es el que ha tenido la responsabilidad por lo que sucede en el país y nunca ha reaccionado ante eso.

Usted lector podrá decirme que no es culpable en lo absoluto de la guerra y las condiciones de violencia del país y creeré en su palabra, pero el hecho es que no se necesita tomar un fusil ó hacer morir de hambre a los recicladores, el simple hecho de no mostrar interés por la circunstancias políticas del país y ser indiferente con las cuestiones sociales, le ha dado alas a los detentores del poder y a los señores de la guerra para que sigan adelante con sus hazañas.

Puede que al colombiano corriente, hijo de la ciudad y de la moda importada de otros países no tenga que huir de las balas que le llegan a su caserío o a su finca, puede que el ejecutivo que va de la casa al trabajo y del trabajo a jugar golf no le explote una mina, pero en definitiva todos los hijos de esta patria sufrimos las consecuencias de la guerra. Salir a la calle es una cuestión de vida o muerte, los homicidios y los robos a mano armada son el pan de cada día en nuestras ciudades y la desfragmentación del tejido social se ve en cada esquina, desde el niño indigente que recoge basura a las 4:00 am, hasta el ladrón que se dispone a robar a cualquier “presa” fácil que le muestre un suculento bolso o un fajo de billetes.

El fin de este artículo es demostrarle al lector que la responsabilidad y la capacidad de cambiar la situación están en sus manos. ¿Qué debe hacer un colombiano corriente para promover la justicia, la libertad y la paz?

El colombiano promedio debería abrir los ojos y ver la realidad social del país, ver la desfragmentación social que ha llevado a la corrupción política y la retroalimentación que se hacen mutuamente ambos factores que finalmente desembocan en la guerra campal de la cual hacemos parte como víctimas y victimarios potenciales.

Para quien no pueda ver la situación se lo haré ver en términos sencillos, la degeneración del tejido social ha llevado a una falta de conciencia que se ha propagado y ha abierto la brecha para el desconocimiento de las condiciones del país y las posibles alternativas al conflicto; este desconocimiento ha sido aprovechado por unos cuantos para llegar al poder y hablar de cuestiones como “seguridad democrática”, que no son más que falacias dirigidas a prolongar la guerra, para finalmente con el conflicto de un lado y las políticas paternalistas del otro lado, desmembrar el resto de conciencia y de identidad de los colombianos.

El Ciudadano común debe entender que la paz no es una cuestión política, es un factor social. Se da gracias al equilibrio entre la justicia y la libertad. En un país donde se respeta la igualdad jurídica y se habla de hacer lo que a uno le corresponda bajo la ley y el derecho a la libertad jurídica se respete, hay necesariamente una conciencia y un equilibrio que lleva a la paz.

Como se ha visto en Colombia la conciencia es un factor inexistente en la población común, la cual ha sido afectada por la desinformación y por el desinterés promovido por la corrupción y los trastornos sicológicos que nos hacen negar nuestra situación y plasmar otra diferente dentro de nuestra realidad individual. Además del problema de la conciencia, no existe un respeto por el equilibrio que la ley y la libertad engendran.

En Colombia no existe un imperio de la ley a diferencia de Estados Unidos u otro tipo de países europeos. En nuestro país la falta de conciencia ha llevado al irrespeto de la ley y la autoridad que de ahí se deriva, las personas comunes no respetan el límite de su libertad y por ende sus representantes políticos tampoco lo hacen y por la espalda de quienes representan hacen tratos con paramilitares, reciben en la casa de Nariño a gente involucrada es crímenes de lesa humanidad e incluso los detentores del poder político dirigen tras bambalinas las violaciones de los derechos humanos.

El irrespeto de la ley llevado a cabo por el colombiano común se multiplica y se reproduce a una escala mucho mayor en su dirigente y representante. Por eso la ignorancia y la falta de conciencia deben ser combatidas en la raíz para que en las ramas deje de crecer la corrupción y se impida que se marchite del todo el país. Ya que este objetivo es sumamente complicado de realizar, la propuesta y la campaña que promuevo es la concientización individual y no colectiva. A la paz se puede llegar siempre y cuando los individuos estén preparados para asumirla, con la responsabilidad y el respeto como generadores de la misma. El colombiano promedio debería sacudirse estos sesenta años de guerra, corrupción, violencia, narcotráfico, desamparo y mucha desolación simplemente llegando a la conclusión que con su voto y su posición se puede promover grandes cambios.

Esta campaña no propone salir a la calle y marchar contra las FARC, ni tampoco propone la reestructuración del un sistema político para convertirlo en un instrumento favorable y respetuoso de la integridad política y social; esta propuesta consiste en algo mucho más radical, al partir desde la base del problema, para cambiar el sistema de valores inmerso dentro de nuestra política y de esa forma desarrollar y consolidar un sistema basado en el reconocimiento de sujetos éticos con derechos y deberes, los cuales respetan una libertad jurídica y toman a la ley positiva como la guía para la paz. De esta forma cada individuo es vital para el desarrollo de la paz, se parte de la conciencia individual para asi llegar a una conciencia colectiva, se ataca el cáncer célula por célula, para de esta forma dejar limpio el sistema.

Entonces la premisa para alcanzar una paz verdadera en nuestro país debe ser: que la paz es un acto individual que sirve como medio y como fin y es la meta de todas las acciones que son parte de la vida. Cada individuo debe apuntar a la paz a través de un reconocimiento de sí mismo como un sujeto potencial para el desarrollo del país y de la sociedad colombiana. El prefecto balance entre el desarrollo individual y el desarrollo colectivo llevará a la concientización y finalmente a una paz plena y verdadera, con justicia y sin circunstancias vergonzosas durante el establecimiento de esa paz.

La paz no es un asunto de la política. La política es uno de tantos asuntos hechos para la paz.

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¡UN LLAMADO A LA RESPONSABILIDAD!

Escrito por: Carlos Alberto Arango Schütz
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Después de un tiempo de estar “dormido políticamente” vuelvo a mostrarles una cuestión que me inquieta, la re-reelección del presidente Álvaro Uribe Vélez, el titulo de esta opinión debería ser algo pareció a: “¿después de siete años usted todavía es uribista?” ó quizá más amplio “¿después de siete años le gusta el autoritarismo, o aún le sabe amargo?”. Pero la verdad decidí ponerle este título ya que es un llamado a todos los colombianos para que sean responsables con su patria y con la clase de individuos que escogen para administrar los recursos y la seguridad de su vida.

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Tengo que ser sincero con ustedes, la verdad tengo una doble intención con este llamado a la responsabilidad, la primera trata de mostrar que el actual presidente de la república no es apto para llevar las riendas de la "democracia" colombiana (termino impreciso, ya que la situación del país demuestra que Colombia no es una democracia y mucho menos una república); y la segunda intención es demostrar a quien todavía es Uribista a ultranza, y cree que el salvador del país es Álvaro Uribe con su política de seguridad "democrática" (¿si fuese democrática habrían existido los falsos positivos, ó los asesinatos a sindicalistas ó lideres de movimientos reivindicadores a manos de las fuerzas armadas?) que le dio al país la oportunidad de contrarrestar a las FARC, que no ha habido momento en la historia más trágico que el que vivimos actualmente. Quienes eligieron al presidente Uribe, renunciaron a su derecho futuro a una autodeterminación política sin restricciones y abandonaron parte de su libertad al ponerse al servicio de un gobierno autoritario y paternalista.

Hoy en día vivimos bajo un autoritarismo aparentemente legal. Somos víctimas de un régimen paternalista que no reconoce que como pueblo somos capaces de tomar las mejores decisiones para nuestra patria. Quien votó por el presidente Uribe en su reelección ayudó a fragmentar lo poco que este país ostentaba de democrático, ese voto es causante de la situación actual.

Colombia ante los ojos del mundo no respeta los derechos humanos, es un agresor del derecho internacional y es un país que genera inestabilidad política y militar en la región. Cualquiera podría decir que esta situación es una condición de la guerra interna y que de las consecuencias la única responsable es las FARC; yo le respondería a estas personas que la seguridad democrática ha desmembrado la política exterior colombiana, ya que la necesidad de resultados nos ha llevado a bombardear el territorio de un país vecino como ecuador y nos ha puesto en una constante confrontación con Hugo Chávez y el pueblo venezolano. Y ya que empecé a hablar de la seguridad democrática, hoy después de siete años las FARC no se han rendido ni han sido vencidas, pareciera que la promesa del presidente Uribe hace siete años de desmantelar esta guerrilla en su período presidencial no se cumplirá, y probablemente si el gobierno sucesor sigue con la misma línea política, el país tardará más de tres períodos presidenciales en encontrar la paz.

Entonces llegan las preguntas que después de siete de años debemos hacernos: ¿La seguridad democrática nos dio realmente seguridad o potenció la paciente destrucción de las relaciones internacionales de nuestro país y la libertad de expresión y los derechos a la oposición política? ¿Otros cuatro años más en el poder no instaurarían una especie de gobierno monárquico, autoritario y absolutista?... ¿En Colombia alguna vez habrá paz con un gobierno que se dedica a la guerra de desgaste y no genera verdaderas oportunidades de dialogo y negociación?...Estas preguntas no pienso responderlas, sólo las dejo a modo de reflexión y espero y confió que su interés por el país y una visión transparente de la realidad los lleve a las respuestas correctas.

Considero que no es posible que un gobierno como el actual en nombre de la seguridad sacrifique civiles inocentes, y que el pueblo siga apoyando incondicionalmente este tipo de conductas. ¿Sí el referendo reeleccionista es aprobado en su totalidad, en el 2010, usted como colombiano piensa dar su voto a un megalómano que ha demostrado que en la salvaguarda de su propio interés político (que considera el único interés legítimo) y personal ha acabado con la vida de miles de ciudadanos inocentes?

Yo, como colombiano y fiel partidario de un respeto a la libertad política y de expresión, en el 2010 votaré por que en Colombia exista una verdadera democracia y un gobierno que este subordinado a la ley. Daré mi apoyo a quien nos saque de esta condición tan apremiante que es el autoritarismo y nos de las garantías para un verdadero desarrollo político y social. Los colombianos debemos pensar en instaurar un verdadero imperio de la ley y no leyes que son posibles de reformar por cualquiera que pretenda satisfacer un interés personal en nombre del interés nacional.

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“EN UNA NACIÓN LIBRE DONDE NO SE PERMITE LA ESCLAVITUD, LA RIQUEZA MÁS SEGURA CONSISTE EN UNA MULTITUD DE POBRES LABORIOSOS” – REFLEXIÓN

Escrito por: Carlos Alberto Arango Schütz
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Hoy en una prueba de Económica Política, encontré la frase que figura en el título de esta intervención, en la cual quiero invitarlos a que me acompañen en una breve pero interesante reflexión sobre la esclavitud moderna.

Esta frase es una de las más populares de Bernard Mandeville (Médico, filósofo y economista político) contenida en su poema Fable of the Bees: or, Private Vices, Public Benefits (La fábula de las abejas: o, vicios privados, beneficios públicos). Esta frase es un buen ejemplo del crudo pensamiento capitalista, en donde la riqueza es producto del trabajo de los hombres, los cuales necesitan suplir unas necesidades básicas para garantizar su subsistencia dentro del sistema.

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En una nación libre donde la esclavitud no está permitida y por lo tanto la mano de obra no es gratuita, existe la necesidad de esclavizar a los hombres libres bajo una nueva concepción del trabajo. Esta nueva concepción modernizó la esclavitud, convirtió al trabajo en un medio por el cual se enriquece a los dueños de las tierras y de los medios de producción, mientras el trabajador se encierra en una rutina de laboriosidad que lo mantiene en un ciclo decadente, obteniendo un salario que escasamente le permite suplir sus necesidades básicas (alimentarse y mantener su hogar y su familia) y lo hace cada vez más dependiente de su puesto laboral.

Los “esclavos modernos” son una pieza fundamental del capitalismo, ellos constituyen la mano de obra económica con la que se construyen los Estados modernos, sin ellos el sistema capitalista estaría condenado al fracaso. Por lo tanto son piezas indispensables y dependientes del sistema que generan la riqueza que hace un poco más de un siglo producían los esclavos en los distintos Estados occidentales. Fatídicamente en el capitalismo la antigua esclavitud no es necesaria, no hay razón para privar de la libertad a un hombre que fácilmente puede ser un consumidor compulsivo de la oferta del mercado moderno, ó un explotado que por el diseño del sistema este obligado a retornar al flujo del mercado su salario recién adquirido.

Por lo tanto en una nación libre la riqueza reposa sobre una multitud de pobres necesitados, quienes buscan con un gran afán sobrevivir a la inclemencia de la escasez, dando su trabajo a un costo mínimo para el dueño de la riqueza e involucrándose en un ciclo productivo que enriquece al capitalista y empobrece al necesitado. Dada la naturaleza egoísta del hombre y debido al diseño del capitalismo basado en la competencia, para un capitalista es más conveniente contribuir al empobrecimiento que garantizar justicia salarial; de la primera forma con el paso del tiempo obtiene una mano de obra que cada vez produce el trabajo a menor costo.

En las naciones libres no hay necesidad de correr grandes riesgos para obtener riqueza, sólo es necesario recurrir a la fuente más segura que garantiza la producción de la misma: Los pobres laboriosos, dispuestos y predispuesto a asumir la carga laboral que el resto de la sociedad civil no quiere cargar. Para un Estado capitalista sólo es necesario obtener la fuente de la riqueza (las tierras donde se explotan los recursos naturales) y proceder a explotarla con la ayuda del trabajo de una clase social que debido a su deseo de supervivencia entrega su mano de obra a muy bajo costo. Con razón Mandeville expuso que los pobres laboriosos en una nación libre, son el medio más seguro para alcanzar la riqueza.

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LA DE-GENERACIÓN (LOS JÓVENES DESPATRIADOS)

Escrito por: Carlos Alberto Arango Schütz
Para: http://calicolumna.blogspot.com/ y
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En nuestro país se está desatando un fenómeno delictivo muy grande, los niños y jóvenes de todos los estratos socioeconómicos, se están organizando en grupos que se dedican básicamente a amedrentar, robar y extorsionar.

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Esta nueva generación de infantes está acabando con la tranquilidad de los colombianos, estos niños han hecho que las personas no conciban caminar por los barrios de su ciudad e incluso eviten frecuentar centros comerciales donde estos mini-delincuentes se reúnen a consumir sustancias psicoactivas y a planear los ataques a la población civil, a la integridad de las ciudades y a las otras pandillas que frecuentan “sus territorios”.


Lo grave del tema no es simplemente la contaminación visual y sonora que genera la simbología distorsionada y el pésimo léxico que manejan estos jóvenes despatriados; tampoco es el incremento de los índices delictivos por parte de los menores en las ciudades; el verdadero problema radica en la degeneración social que habita en Colombia. Lastimosamente a todos nos corresponde aceptar que la mayoría de la gente joven de este país sufre de una tendencia a copiar los nuevos movimientos de la superficialidad occidental que a lo largo de la historia la han dejado inmersa en la cultura del narcotráfico, de la delincuencia y de los movimientos que se escudan bajo el nombre de culturales para pervertir la conciencia colectiva.

Hoy todos debemos plantear y elaborar metas conjuntas para refundar los principios familiares y los métodos como se creían y educan los niños y jóvenes colombianos. Los padres de familia y la sociedad adulta en general deben entender que los jóvenes hoy más que hijos de Colombia son hijos del conflicto y de la guerra. El pan de cada día de la televisión, el colegio, la universidad, la casa, el trabajo y la calle es el terrorismo que va de la mano con la incertidumbre de si hoy seremos víctimas de algún suceso cruento y violento. Esta rutina del terror producida por la triste realidad nacional nos ha dividido en tres grandes grupos de individuos dentro del marco del conflicto, los pasivos e indiferentes, los impotentes y los participantes del mismo.

Lamentablemente para todos los colombianos los jóvenes se están enlistando en el tercer grupo junto con los actores de la descomposición sociocultural y del conflicto colombiano (Gobierno, FARC, ELN, etc). El mismo presidente Uribe ha reconocido que varias generaciones en Colombia no conocen lo que es vivir en Paz y sin temor; hace mucho que a todos los colombianos se nos olvidó como se vive y se goza la patria. En nuestra mente se quebraron las ideas de justicia, amor y hermandad.

El conflicto ha convertido a muchos jóvenes desde hace varias generaciones en participantes del mismo, a muchos no se les reconocen sus derechos y muchos otros no reconocen sus deberes como ciudadanos e hijos. Estamos parados enfrente de una generación que parece más una De-Generación debido a su descomposición. En Colombia se vive una rutina del conflicto que cada día nos acerca más al fracaso en la construcción de patria y nación.

El individuo que decide optar por el camino de la delincuencia o la subversión violenta como muchos de nuestros jóvenes, son personas que han perdido la esperanza en el cambio, que han deshecho sus ilusiones y las han embarcado en un largo viaje al olvido junto con sus ideales. La movilización delictiva trae consigo la apropiación o la imposición de una ideología absoluta por parte del individuo u otros que lo inducen a concebir el mundo y la realidad desde un único punto de vista posible. Una ideología única y absoluta trae consigo una “miopía” ante la realidad, la cual genera una dificultad para ver a lo lejos las ideas de las cuales el individuo se puede servir para retroalimentar su postura ante determinadas situaciones de su vida social y personal.

Los jóvenes colombianos no sólo se enfrentan a unas ideologías absolutas, también se encuentran en un proceso de expropiación de identidad nacional por parte de las posturas rígidas de la guerra, la situación nacional y un mundo globalizado en donde hay cabida para cualquier forma de De-Generación.

Las posturas rígidas y absolutas de la guerra sumadas a la situación socioeconómica del país, han dando como resultado la pérdida del sentimiento patrio y han transformado a los dueños del futuro de esta patria (los jóvenes) en extranjeros en su propia tierra. Los colombianos no nos estamos reconociendo como compatriotas, nos vemos como enemigos o acérrimos contrincantes debido a la injusticia social, la diferencia tan abismal entre las clases socioeconómicas y la “miopía” que sufren nuestros representantes políticos para vislumbrar un país que agrupe en el ámbito de lo político, lo social y lo cultural otras formas de pensamiento y desarrollo.

Es posible que el proceso de expropiación de la identidad nacional se haya gestado desde hace varias generaciones atrás, propiciado por las condiciones históricas y por algunos factores como el nacimiento de los grupos insurgentes (EPL, FARC, ELN, M-19, Narcotráfico, etc); la toma y la retoma del palacio de justicia; el nacimiento de los carteles del narcotráfico con Pablo Escobar, “el mexicano” Rodríguez Gacha y los hermanos Rodríguez Orejuela; la persecución de muchos civiles inocentes a sangre fría por parte del bloque de búsqueda y los paramilitares; los asesinatos de líderes políticos como Luis Carlos Galán; la famosa zona de distención del gobierno Pastrana; y muchos otros factores que han deteriorado la estabilidad, la integridad y la seguridad del endeble tejido social de nuestro país.

Debido a todos estos factores nacionales que hacen alegoría a las pésimas condiciones sociales de donde ha “evolucionado” nuestro Estado-Nación Colombiano, es que muchos padres han transmitido a sus hijos y estos a sus vez a los suyos, la idea de la Colombia sin futuro, en donde antes de ser desplazados y aplastados por la injusticia y la maldad que reina en nuestro país es mejor auto exiliarse, ya sea en otro país o en una burbuja ideológica que conciba otra identidad nacional. Esta herencia que recibieron los jóvenes de la actualidad, es el producto de la “hipermetropía” de las otras generaciones que no pudieron ver de cerca el país y proponerse metas reales para transformar la situación nacional de su entonces que ha degenerado en la guerra que muchos no reconocen pero que todos vivimos a diario. Esta enfermedad de la vista al parecer se ha transmitido por herencia y ha dejado a la gran mayoría de colombianos padeciendo de ella.

La “miopía” de nuestros supuestos representantes y la “hipermetropía” que sufren muchos colombianos, han conducido a nuestro país a no asumir una postura clara ante sus intereses, nos han impedido obtener un lugar competente en el plano internacional y han dejado a un país entero sumido ante la manipulación del estado del norte que nos ha “apadrinado” bajo sus belicosas políticas. Estas enfermedades de la vista que nos dificultan ver a lo lejos y a lo cerca han degenerado en una “ceguera” permanente ante un mundo que demanda lucidez. Esta “ceguera” nos ha tornado incapaces para responder por una juventud que día a día es más hábil para copiar las diferentes posturas que se le trasmitan.

Todas estas situaciones están conduciendo a la gente joven de Colombia a responder a una serie de estímulos externos con los cuales se han identificado para obtener todo lo que les ayude a resanar esa ausencia de identidad.

El fenómeno de la globalización y la alta tecnología de las comunicaciones que maneja la sociedad mundial hoy en día, se ha transformado en un medio de difusión de los distintos estereotipos que otros países como Puerto Rico y Estados Unidos, le proyectan al mundo y que nuestros niños absorben con una facilidad increíble. Al estar los niños y jóvenes tan expuestos a estas influencias culturales externas y al no proteger la integridad de nuestra cultura hemos perdido la capacidad de contrarrestar esta “invasión” alienante y por tanto hemos dejado a toda una sociedad joven ante las influencias directas de la violencia televisiva, la pornografía, los perversos movimientos que se escudan bajo la nobleza de la música y ante muchas otras apologías al desorden, la degeneración social y la violencia.

Estas condiciones sociales, políticas y económicas del país sumadas a las influencias externas de un mundo globalizado han dado como resultado la receta perfecta para gestar e incrementar el desapego a la patria que aquí le he llamado ausencia de identidad nacional. Lamentablemente para todos los soñadores nacionalistas y las futuras generaciones todos los colombianos bebemos a diario de la receta para la expropiación de la identidad nacional.

Este proceso de expropiación que enuncio a grandes rasgos, es el que ha propiciado el desprendimiento de la mente de los jóvenes los conceptos de autoridad, respeto y tolerancia. Los padres se han vuelto incapaces de controlar a sus hijos y la autoridad estatal se ha servido de unas leyes que no sirven para tratar el problema juvenil en Colombia. Como lo decía antes, ha llegado la hora de que los padres, el estado, nuestros representantes y cada uno de nosotros asumamos en el ámbito individual y colectivo la responsabilidad de plantear, ejecutar y cumplir unos objetivos que sirvan para contener y progresivamente curar el desapego por la patria y a la juventud que por culpa de otras generaciones hoy se encuentra descarriada y de- generada.

Los objetivos y metas deben estar enmarcados en una educación adecuada y garantizada para toda la población y en unas políticas estatales que deben empezar a garantizar de una forma adecuada los recursos que todos los colombianos necesitamos para llevar una vida digna y justa. Una vez garantizadas la educación y las políticas justas, se podrá proceder a resembrar la semilla del amor por la Patria y el respeto a la autoridad familiar y estatal por parte de los individuos que hoy se sienten despatriados y aislados.

Siempre que la actual situación socioeconómica y la carencia de una justicia justa sigan vigentes en la sociedad Colombiana, los jóvenes no van a sentir una obligación verídica con esta patria y lamentablemente el proceso de pérdida de identidad nacional se va a seguir prolongando e intensificando. Hoy debido a todas estas circunstancias descritas, el futuro de esta patria que descansa en las manos de nuestra juventud está en la calle entre las pandillas, en la selva empuñando un arma, está en el joven que prefiere salir del país a buscar un aparente mejor futuro y en la mente corrupta de un joven que prefiere la salida fácil, mediocre e irresponsable a las diversas situaciones que acontecen en su vida.



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