La representación, incapaz de penetrar las relaciones conflictivas y convertirlas en materia política se ha convertido en una mera práctica instrumental a través de la que se hace una captación popular mediante redes clientelistas, que buscan satisfacer intereses particulares y no la definición de metas guiadas por el interés común; los representantes han terminado por representarse a sí mismos y han abandonado a la sociedad, produciendo una falta de participación de esta última con respecto a lo público.
Los ciudadanos establecen una doble relación con la política, por un lado el apego a las formalidades de la democracia, y por el otro, la insatisfacción creciente con un sistema político que no enfrenta con éxito el conflicto armado y que no puede garantizar la satisfacción de sus necesidades a través de los canales que la propia democracia ha creado para hacer realidad la figura del Estado social de derecho –las políticas públicas, la planificación, la gestión pública y la participación ciudadana-.
La sociedad cada vez más excluida de los círculos de poder y desprovista de la posibilidad de ejercer su participación ciudadana busca la resolución de los problemas a través de prácticas clientelistas. Esta no es sólo una relación de transacción –beneficios a cambio de votos- sino que se convierte en una forma de cosmovisión y de cómo se interpreta la relación entre el Estado y el ciudadano. La intermediación del clientelismo crea entonces una dependencia del mismo, los ciudadanos participan en lo público si obtienen algún beneficio particular; por su parte los intermediarios políticos atienden intereses particulares con el propósito de mantener y tomar ventaja del monopolio del poder; lo que crea una cultura política paternalista y dependiente de las prácticas clientelistas.
c. La violencia y el conflicto armado: El conflicto armado se ha desenvuelto históricamente como una confrontación entre diferentes grupos insurgentes y el Estado, en torno a definiciones sociales, económicas y políticas.
Cada vez se aprecia con mayor nitidez la estrecha relación entre la participación ciudadana con la violencia y el conflicto armado. Varios programas puestos en marcha por el gobierno nacional –el plan nacional de rehabilitación, por ejemplo - han otorgado un lugar privilegiado a la participación ciudadana como un instrumento importante para reducir las tasas de violencia del conflicto armado; sin embargo el desarrollo de estos programas ha afectado profundamente la vida local, convirtiéndola en escenario del conflicto y como consecuencia ha transformado la vida política local, lo que ha generado que la participación ciudadana se vea afectada por esta situación.
El conflicto armado se constituye en un escenario global de los procesos participativos; cada vez la participación se afecta en forma más directa. El conflicto se desarrolla en torno al poder político. Toda la población incluyendo dirigentes y líderes políticos, se ha visto envuelta y afectada por el conflicto armado de nuestro país, esta situación ha estigmatizado a algunos sectores de la población como colabores de alguno de los “dos bandos” lo que también ha provocado que la división del país se haga cada vez más grande – entre los que apoyan al Estado ó los que están con los grupos insurgentes- ; los líderes políticos en algunas zonas han tenido que hacerse invisibles y prácticamente no ejercer el poder que el pueblo les confirió, así como otros han recurrido a la corrupción y a las alianzas con los frentes insurgentes que hay en el país.
La violencia se ha constituido entonces como un obstáculo para la participación, pero sobre todo ha impedido el surgimiento de nuevos liderazgos, además ha contribuido a la fragmentación de la vida social y a que cada quien opte por ocuparse únicamente de sus asuntos y evitar hacer cualquier cosa que pueda comprometerlo.
Protagonistas de la participación ciudadana.
El análisis de los agentes que participan en Colombia puede hacerse desde dos perspectivas: la primera, sobre los que optan por la participación mediante los mecanismos institucionales y la representación ciudadana que se da a través del voto popular; y la segunda sobre los que ejercen la participación directa; en otras palabras, los ciudadanos que intervienen directamente en los escenarios públicos para informarse, opinar, presentar iniciativas, calificar la gestión pública o tomar decisiones.
La participación ciudadana ha convocado diversos sectores sociales: líderes comunitarios, representantes de organizaciones sociales, miembros de juntas de acción comunal, sindicatos y organizaciones no gubernamentales, representantes de la academia y de grupos empresariales así como grupos específicos de la población -mujeres, discapacitados y minorías éticas-.
Viejos y nuevos liderazgos.
La mayor parte de las instancias formales de participación, así como las informales operan con base en mecanismos de representación social, en otras palabras mediante la designación de una o más personas en calidad de representantes de intereses específicos ligados a identidades sociales, territoriales y políticas.
En Colombia, desde finales de la década de los 50 el liderazgo tradicional lo han llevado las juntas de acción comunal, que fueron concebidas por el Estado como organizaciones sociales dedicadas a trabajar por el bienestar de la comunidad.
Desde la década de los 80 tanto en Colombia como en otros países de Sudamérica la participación en el ámbito político tomó un giro, sobre todo en el sector rural. En Colombia las poblaciones de campesinos comenzaron a sentir con más fuerza los embates de la guerra y el conflicto político colombiano, por eso decidieron conformar agrupaciones que se dedicaran a promover medios para desarrollar una cultura socio-política dirigida a la reconciliación y a la integración de las distintas comunidades arrasadas por los diversos participantes del conflicto armado. Como ejemplo tenemos el caso del “Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio”, en donde se ha optado por construir nación a través de la reconciliación entre los miembros de las diversas comunidades de este territorio. Actualmente el programa es dirigido y apoyado por diversas organizaciones no gubernamentales que se dedican a motivar a la población para que subsane los problemas que tienen debido a la ausencia del Estado.
Estos nuevos mecanismos han sido una revolución en las formas y prácticas de participación, han roto con las matrices hegemónicas dominantes en la política y han logrado abrirse un gran trecho a través de programas que le apuntan a la reconciliación nacional.
De esta forma los nuevos movimientos sociales le apuntan a una matriz contra-hegemónica que actualmente se constituye de tres factores cruciales que buscan la conformación de una verdadera cultura incluyente dentro de la política: 1) Un rescate de la identidad y de la vida cotidiana, 2) un enfoque en la participación social, 3) y una generación de cultura democrática. Estos tres mecanismos buscan que el individuo que participa pueda recuperar su identidad como un miembro activo de una comunidad que se pone metas de carácter social y político; también se enfocan en generar una participación sin representación individual, dentro de estos mecanismos, la participación se hace de forma colectiva; y además buscan que impere una cultura democrática donde el individuo represente a la comunidad y viceversa.
En Colombia han existido muchos mecanismos de participación y de liderazgo promovidos por el estado o por instituciones no gubernamentales, pero nunca en la historia de país las organizaciones rurales habían cobrado tanta fuerza en el ámbito político como actualmente lo han hecho.
[1]Cultura Política.
Gabriel Almond elaboro en la década de los 90 elaboró un concepto relacionado con la cultura política, en el expone cuatro dimensiones relacionadas a ella:
“En primer lugar consiste en un haz de orientaciones políticas de una comunidad nacional o subnacional; en segundo lugar, tiene componentes cognitivos, afectivos y evaluativos, que incluyen conocimientos y creencias sobre la realidad política, los sentimientos políticos y los compromisos con valores políticos, en tercer lugar, el contenido de la cultura política es el resultado de la socialización primaria, de la educación, de la exposición a los medios y de las experiencias adultas de las actuaciones gubernamentales, sociales y económicas; y en cuarto lugar, la cultura política afecta la actuación gubernamental y a la estructura política, condicionándolas, aunque no determinándolas, porque su relación causal fluye en ambas direcciones.”
[2]
La participación como expresión de la cultura política nos demuestra que esta es una forma de pensar, actuar y convivir en contexto ya que enuncia las construcciones sociales que se han hecho a partir del colectivo; configura la forma de participar en los contextos y abre la posibilidad para la aparición de nuevas ideologías, formas de expresión y de desarrollo cultural y social.
La sociedad se constituye en últimas como la materialización de la cultura política, es decir que es a través de ella como se configura la forma de vida de las personas, las instituciones que funcionan dentro del ámbito estatal y la forma de gobierno que rige a un país.
En Colombia es necesario que la cultura política se replantee, ya sea mediante la participación contra-hegemónica aquí descrita o mediante otro tipo de instrumentos que le devuelvan al individuo y a las diversas comunidades la fe en sus instituciones y en el desarrollo de una verdadera política de integración social. Consideramos como apunte final que la verdadera paz se construye a través de la elaboración de una cultura política basada en la integración de los diversos pensamientos que permita la regeneración del tejido social del país y el normal funcionamiento de la política.
Bibliografía:
· Fabio Velásquez C, Esperanza González R., ¿Qué ha pasado con la participación ciudadana en Colombia?, Fundación Corona en una colaboración con Fundación Social, Foro Nacional por Colombia, Banco Mundial, CIDER – Universidad de los Andes. Corporación Región, Viva la Ciudadanía y Transparencia por Colombia
· Martha Cecilia Herrera, Alexis V. Pinilla Díaz, Raúl Infante Acevedo, Carlos J. Díaz Soler. La construcción de cultura política en Colombia: “proyectos hegemónicos y resistencias culturales”., Universidad Pedagógica Nacional.
· Francisco Llera., Enfoques en el estudio de la cultura política.
· Gianfranco Pasquino y Stefano Bortolini, Manual de Ciencia Política: “Participación política, grupos y movimientos”., Madrid, Editorial Alianza.
· Martín Hoppenhayn, Ponencia: “La Participación y sus Motivos”., Enero de 2000.
· Padre Francisco de Roux, S.J. Universitas Xaveriana, “Colombia es un Proyecto Viable”., Agosto de 2002.
[1] Véase el caso de la Minga Indígena de 2008, la huelga de los corteros de caña, los programas de desarrollo rurales liderados por los mimos pobladores - como el cado del “programa de desarrollo y paz del Magdalena-Medio” – ó el caso de los campesinos del Carare.
[2] Citado por Francisco Llera, “Enfoques en el estudio de la cultura política”, Op. Cit ., Pág. 59.